Hoy me duele la voz de no escucharte
Me da miedo a que llueva
y te mojes
y yo no tenga la culpa.
Creo que lo mejor de todo el silencio de la última vez que te vi
fue cuando lo rompiste,
tienes música en la risa,
no sé....
¿sabes la canción aquella de Fernando Delgadillo?
Me sentí él
pero tú no eras ella,
eras mejor,
mejor aún que imaginarte.
Podías vivir en Alaska con ese aspecto
pero te gusta joderme
y ser remotamente alcanzable.
Y luego tu cara allá,
moviendo la cabeza
y yo sacándote parecidos razonables
sin razón,
de actrices de segunda fila.
Incluso me pareció haberte visto alguna vez
en un anuncio de televentas.
Pero te pareces a ti,
sobretodo a ti y solamente a ti
y es a lo más bello que podías parecerte.
Lanzas un beso que se lo come el humo,
hacía tiempo que no fumaba tanto,
me has quitado un año de mi vida de golpe
y sin embargo observándote
cada vez me siento más viejo.
Eres una contradicción tan perfecta en ti misma
que estoy por llevarme la contraria.
Hoy,
incluso mañana,
que aún no tiene nombre
por más que tu sonrisa de columpio en movimiento
idee algunos de esos absurdos que acaban en diminutivos
y hacen que me avergüence
del hombre estúpido que duerme en mi pecho.
Y pensaba en tu olor recién levantada
en esta culpa que me persigue
de querer besarte contra la pared de tu cuarto
mientras las muñecas de tu baúl de los recuerdos
murmullan unas con otras en lo mujer que puedes llegar a ser
aún con esa mirada casi virgen sacada a la fuerza
de una zona geográfica que me queda por inventarme.
Y es que haré un país en mis costillas
que lleve tu nombre.
El que quieras llamarte
y que la bandera sea la ropa de ¿mañana que me pongo?
como si la belleza necesitara decoraciones de tela.
Como si tu desnudo no fuera bastante
para que tiemble el universo
en la palma de tu mano.
Y me voy a la cama sin ti
con la esperanza de que no me quieras nunca,
nunca,
y sigas doliéndome siempre,
siempre,
como ahora,
fuerte,
así,
de este modo
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