te he buscado en el café,
en el color de las paredes,
debajo de la cama y en la brisa
encima de los muebles y en mi ego.
He preguntado por ti a los clientes,
a los taxistas,
también a los fruteros
y a los carteros...
He caminado por las mismas calles
que supieron de mí por que iba contigo.
Por esta ciudad que me quito el cartel de anónimo
al mismo tiempo que tu me dabas un beso
Debajo de los puentes,
en la orillas,
en el bolsillo de un jean sucio
en un poema.
Te he buscado en la suerte de un casino,
en la carreras de caballos, y en los mundiales de futbol
He tropezado con tu recuerdo en las cuerdas de mi guitarra y he
perdido el equilibrio en la nostalgia de un acorde
He vomitado tu nombre por tenerte
un segundo de nuevo aquí en mi boca.
Te he perseguido en la luz de un bombillo,
en un campo iluminado de luciérnagas,
soñado en el neón rojo de un bar de carretera,
confundido tu mirada con las luces de los carros,
tus manos con una línea discontinua
tus muslos con el andén de mis fracasos.
He abierto los ojos y al no verte
lo he llamado también oscuridad.
He querido ser aire y que me tragues,
ser el mar que te moja los veranos
el suelo que pisas,
la palabra,
que hace mover tu lengua como un pez.
He deseado ser tuyo o ser de nadie,
heridas con tu rostro en las muñecas,
fotogramas de tu sonrisa en los vidrios del carro.
He ansiado un aniversario en tus caderas,
unas bodas sin oro entre los dedos
una muerte de asfixia entre tus labios.
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