Suena hasta romántico eso de conservar tus ideales hasta la muerte: Nacer de izquierdas y morir de izquierdas, o viceversa. Suena íntegro decir que, si ganaras el Kino, lo donarías todo al Tercer Mundo porque jamás renunciarías a tu vida humilde y sencilla de siempre.
Suena idílico, sí; pero no humano: Lo humano es opinar de ‘lo que haríamos si…’ de forma idílica y políticamente correcta porque en realidad sabemos que algo así no nos sucederá en la vida.
Es muy fácil ser contrario al aborto o a las uniones entre homosexuales cuando nunca te ha tocado (ni estimas que te tocará) de cerca.
O ser abiertamente xenófobo y no querer salir de esa burbuja hermética en la que vivimos por miedo a cambiar de opinión. ¿Entiendes lo que quiero decir?
Parece que asusta acabar comiéndonos nuestras propias palabras (¡con lo buenas que están!), o entonar un ‘mea culpa’ distinto al del tracto urinario. Parece que nos resistimos a evolucionar; que nos hemos estancado en el Homo Sapiens cuando a estas alturas ya deberíamos andar por el Homo 2.0.
Digo esto porque, desde que soy un pequeño empresario, le estoy cogiendo el gusto a cambiar de opinión cada 10 minutos. Sólo de este modo (siguiendo la corriente ideológica de cada cliente) he llegado a comprender los motivos de una sociedad que primero vive y luego piensa en consonancia (y no al revés).
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domingo, 6 de marzo de 2016
jueves, 3 de marzo de 2016
Del amor y otros demonios
Todo el mundo habla del amor como si supieran lo que es; su relación causa-efecto.
Yo, con el tiempo, he conseguido identificar los síntomas que predicen sensaciones tales como el miedo, el asombro, la alegría, la tristeza, el dolor o el placer. ¿Pero el amor?, ¿cómo saber que estás enamorado?
Algunos dicen que el amor se presenta mediante taquicardias, nudos o mariposas estomacales, sudor incontrolado, nervios, ansiedad y/o cara de estupido. Otros, sin embargo, achacan esos mismos síntomas al consumo de cocaína. Puede que ambos tengan razón, y no la tenga ninguno: Puede que el amor, como la droga, sea una alteración artificial del alma. Artificial y adictiva, claro.
Lo mismo me sucede con otros estímulos. Con ciertas canciones, por ejemplo. Al escucharlas también sufro las mismas taquicardias, mariposas estomacales, sudor, nervios, ansiedad y/o cara de estupido. ¿Quiere esto decir que estoy enamorado de la música? ¿Te puedes enamorar, pues, sin la necesidad de hacerle el amor a tu objeto de deseo? ¿Existe el amor no copulativo?
Y por último, la madre de todas mis dudas amatorias: Cuando alguien dice “creo que me estoy enamorando de ti”, ¿está, o no está enamorado? ¿Se puede, acaso, intuir el amor antes de que llegue? ¿Y por qué dice “creo”?
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