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lunes, 16 de marzo de 2015

El Big Bang comenzó con una cáscara
partiéndose entre mis dientes.

Entonces todo explotó
y  ardí como un hereje en la hoguera.
Lo que soy ahora
son sólo cenizas.

A veces siento que para encontrarme debería nadar tan hondo
que ya nunca podría volver a la superficie
y que moriría aplastado por la presión,
como un buzo que profundiza demasiado en un arrecife.

Otras creo que sí toqué fondo,
y subí tan rapido
que sufrí descompresión
todo estalló dentro de mí.

¿Llegará a flotar algún día
mi cadáver entre las aguas?

He buceado demasiado en la oscuridad
y me he quedado sin nada.
Me he quedado con todo.

Tengo más capas que una cebolla,
y no las necesito para llorar.
A veces las cebollas lloran, al cortarme.

Tengo también un millón de chalecos antibalas
 y aunque me los pusiera todos a la vez,
seguiría teniendo frío.

Siento que soy un agujero negro
me trago todo lo que se me acerca
los estoy arrastrando a todos
los estoy arrasando.
Aunque yo no lo elegí.

Aunque sé que no pueden entenderlo.

Los poetas muertos,
aquellos que nunca conocí
ellos sí lo entienden.

Pero como casi todo
sucedieron sin esperarme
como los golpes que suceden
sin esperar a que digieras el anterior.

Y así es cómo vivo


atragantado.

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